Cuento gastronómico de Eva María Medina

“Me fijé en una miga de pan que había en su plato. Al caer sobre el líquido de la lombarda se había hinchado. Junto a esta había otra; seca, más pequeña. Me pareció estar en un cuarto oscuro; revelaba una fotografía y la imagen iba apareciendo. Éramos nosotros. Él, el trozo pequeño, seco, había perdido esponjosidad y grosor. La hinchada yo, que parecía haberme nutrido con el agua violeta. Éramos dos migas de pan que se iban consumiendo, cada una a su manera”.

Cuento gastronómico de Eva María Medina

 

Cuento de Eva María Medina: Deterioro

Acabábamos de cenar. Hacía tiempo que lo notaba raro. Lo miré. Veía la televisión con desidia, como si no le interesase pero necesitara esas imágenes ficticias. Bajé los ojos. Me fijé en una miga de pan que había en su plato. Al caer sobre el líquido de la lombarda se había hinchado. Junto a esta había otra; seca, más pequeña. Me pareció estar en un cuarto oscuro; revelaba una fotografía y la imagen iba apareciendo. Éramos nosotros. Él, el trozo pequeño, seco, había perdido esponjosidad y grosor. La hinchada yo, que parecía haberme nutrido con el agua violeta. Éramos dos migas de pan que se iban consumiendo, cada una a su manera.

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Cuento gastronómico: El vino hace milagros

El cuento gastronómico de hoy es de mi cosecha, y nunca mejor dicho. Se trata de una narración humorística y amable –al menos es lo que he pretendido– que narra en primera persona las vicisitudes de un ingeniero que decide hacerle una visita a su padre, con el que no hablaba desde hacía diez años.

“El vino hace milagros” es un relato en el que obviamente el vino tiene (a la larga) un papel tan sutil como destacado. No cuento más de la trama de esta pequeña historia para no hacer spoiler (o destripe, como nos recomiendan nuestros académicos de la Lengua). 🙂

Esta es una de las narraciones incluidas en mi libro Siete minutos (2003).

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Cuento comestible de Hipólito G. Navarro: Jamón en Escabeche

El sevillano Hipólito G. Navarro (1979) es uno de los narradores españoles más originales de los últimos tiempos. Es creador de una amplia y vasta obra en la que destacan sus relatos y novelas, en los que no faltan elementos como el humor o la búsqueda de la extrañeza dentro de lo cotidiano.

Ha sido incluido en numerosas antologías dedicadas a la narrativa breve y ha ganado muchos premios, entre ellos el Premio Vargas Llosa NH por Los últimos percances. Recientemente, se le ha otorgado el Premio de la Feria del Libro de Sevilla por su trayectoria literario.

Os damos su cuento “Jamón en escabeche”, incluido en Los tigres albinos (Pre-Textos, Valencia, 2000), una pieza narrativa breve que aúna la gastronomía con la literatura, de igual manera que lo hace este blog de Recetas Literarias.

Y no os perdáis los cuentos comestibles, que iremos publicando periódicamente.. 🙂

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Cuento infantil sobre una hamburguesa

Hoy toca leer un cuento infantil de Pedro Pablo Sacristán, quien nos narra la historia de una hamburguesa que acabó cansada de ser tratada como comida basura.

Cuento para niños: La hamburguesa que no quería ser comida basura

Había una vez una hamburguesa que tenía muchas vidas. Cada día se despertaba en su hamburguesería, esperaba pacientemente el turno hasta que era preparada por uno de los cocineros, y finalmente era servida en cualquiera de las mesas. Mientras la comían, ella hacía todo lo posible por ser sabrosísima, y con el último bocado del cliente, sentía como si se apagara la luz y se fuera a dormir. Y al día siguiente se repetía la historia.

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Cuento de Hebe Uhart: El budín esponjoso

“Soy una persona que mira, no como Hem –se refiere al autor de El viejo y el mar, que se hace cazador, torero o corresponsal de guerra para levantar desde adentro de esos personajes y sus historias. Mi mirada, entonces es una mirada externa, es una observación a cierta distancia, porque un modo de mirar, reitera, generará un modo de decir y de escribir”. H.U.

La escritura de Hebe Uhart

Todos los escritores tienen sus mandamientos. Bolaño dispara contra Cela y dice que no hay que leerlo. Poe se daba unas borracheras de padre y señor mío y después escribía en trance. Hemingway, el de las frases cortas, breves y concisas, escribía siempre de pie. Neruda usaba una estilográfica con tinta verde. Cervantes tenía como norte, entre muchos, el de hacer aparecer loco al Quijote y más cuerdo a Sancho, cuando debía ser al revés. García Márquez se ponía a meterle candela a sus historias y llenarlas de un torrente de imágenes oníricas, con el pucho (cigarrillo) en la boca y bajo el sol caribeño. Vargas Llosa recurre a putas y tías cachondas para que su relato siempre esté caliente. Azorín acostumbraba salir a caminar y mirar los pueblos y sus gentes con bondad y cariño. Y así, suma y sigue.

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Un cuento triste de Rodrigo Rey Rosa: La niña que no tuve

un cuento triste

Información

Dificultad: Media alta. Se trata de un plato altamente delicado. Tratar con excesiva condescendencia puede estropear el plato.

Comensales: Amantes de las historias tristes.

Tiempo de lectura: 3 minutos

Ingredientes

Solo se necesitan dos productos para elaborar este plato: un padre y una hija, que tiene una enfermedad incurable y le queda poco tiempo de vida. En el fondo del relato se respira la tragedia y cierto determinismo a aceptar hechos que por desgracia no tienen vuelta de hoja.

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Un plato de García Márquez con muchos cangrejos

Un señor muy viejo con alas enormes

Información

Dificultad: alta de preparación y baja de degustación.  Hasta un niño de ocho o diez años lograría cucharear este plato sin quemarse. Que lo hiciera, sería un buen ejercicio de aprendizaje de la comida hecha por mamá.

Comensales: Ya está dicho; niños, crianzas, peques, chavales, chiquilines y también adultos y personas de la tercera y cuarta edades. Es casi un cuento de hadas para ser leído incluso en un club del adulto mayor.

Tiempo de lectura: Diez a quince minutos, para descubrir y saborear algunos ingredientes conocidos y otros ocultos por la magia del autor.

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Un plato de Emilio Gavilanes para combatir la desmemoria

Emilio Gavilanes

Información

  • Dificultad: Escasa.
  • Comensales: Al alcance de cualquier paladar.
  • Tiempo de lectura: 3 minutos. Quizá la digestión lleve algo más de tiempo.

Ingredientes

  • El miedo que viaja en las maletas de todas las edades, el sufrimiento y sus remedios, el deseo de persistir, común a todas las formas de materia.
  • Muy pocos personajes, pero detrás de los que puede estar toda la humanidad. Se les debe dejar hablar por sí solos, sin apenas intervención de un narrador.

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Un postre sin azúcar de Ana María Matute: Pecado de omisión

Ana María Matute

Información

  • Dificultad: media.
  • Comensales: personas predispuestas a los postres sin azúcar, rotundos, nada almibarados.
  • Tiempo de lectura: 7 minutos

Ingredientes

  • La orfandad, la falta de amor y la venganza son los ingredientes naturales de este postre.
  • Una voz del narrador muy poderosa, en la que los personajes apenas mantienen conversaciones entre ellos.
  • Un chorro de orange bitter para dejar un sabor final amargo.

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