Gabriel García Márquez receta literaria

Algo grave va a suceder en este pueblo, de Gabriel García Márquez

Información

  • Dificultad: Engañosamente fácil de preparar. Se trata de cocinar un gran plato con alimentos básicos.
  • Comensales: para todo amante de la cocina literaria latinoamericana, en especial para los seguidores de Gabriel García Márquez y del realismo mágico.
  • Tiempo de lectura: 6 minutos.

Ingredientes

  • Un título sugerente, simpático, que es en sí la premonición de una buena historia.
  • Un personaje en la sombra que solo aparece al principio y al final de la historia. Un personaje que apenas habla y sin embargo lo dice todo.
  • El retrato de una sociedad pacata que renuncia al sentido crítico y se deja contaminar por las habladurías.
  • Una gran dosis de ironía y de humor soterrado.

Pasos

  • Centre la potencia de la historia en un solo personaje. Déjelo hablar y luego apártelo del cuento, que parezca que ya ha terminado su función.
  • Prepare un sofrito a base de nociones sociales y un gran conocimiento del ser humano. Este es un plato para grandes observadores del alma humana.
  • Use un lenguaje sencillo, olvídese de las descripciones y de grandes acciones. Este va a ser un plato sencillo, pero exquisito.
  • Procure no aderezarlo con historias secundarias. Estamos ante un primer plato muy alimenticio que no deja lugar a un segundo plato.
  • No abuse de la sal ni del humor, que en este caso se pretende actúe en segundo plano.
  • Al final del plato rescate al personaje principal, ese que –he aquí la grandeza de la historia– se ha mostrado ante nuestros ojos como un personaje secundario. Saboree despacio y disfrútelo. Usted no esperaba encontrarse con este sabor de última hora, ¿verdad?
  • Aunque se quede con hambre, no repita el plato, pues ya conoce el sabor final. Mejor olvídese de él y cuando pase mucho tiempo y apenas se acuerde de él, vuelva a saborearlo. Seguro que lo disfruta tanto como ahora.

El chef

Gabriel García Márquez, cuentista, novelista, periodista… Una de las voces más representativas de la literatura latinoamericana del siglo XX y quizá la cara más visible del boom latinoamericano surgido en los años 60 y 70, junto a autores como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa o Julio Cortázar.

Premio Nobel de Literatura en 1982, en opinión de la Academia Sueca, “por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida los conflictos de un continente”. Es autor de la novela Cien años de soledad, para muchos la mejor novela del siglo XX. Otros de sus libros son: Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera y El otoño del patriarca. Escribió cuatro libros de cuentos: Los funerales de la Mamá Grande, La increíble y triste historia de la cándida Eréndida y su abuela desalmada, Ojos de perro azul (donde recopila sus primeros cuentos) y Doce cuentos peregrinos.

Gabriel García Márquez es uno de los escritores más leídos del siglo XX. Falleció en 2014 en la Ciudad de México, cuando tenía 87 años.

 

Gabriel García Márquez, historias

Historia corta de Gabriel García Márquez: Algo muy grave va a suceder en este pueblo 

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

–No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

–Te apuesto un peso a que no la haces.

Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:

–Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:

–Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

–¿Y por qué es un tonto?

–Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Entonces le dice su madre:

–No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:

–Véndame una libra de carne –y en el momento que se la están cortando, agrega–: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:

–Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la vieja responde:

–Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.

Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:

–¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

–¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)

–Sin embargo –dice uno–, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

–Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.

–Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:

–Hay un pajarito en la plaza.

Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.

–Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

–Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

–Yo sí soy muy macho –grita uno–. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:

–Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

–Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa –y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

–Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

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