El cocinero (cuento gastronómico de Alfonso Reyes)

EL cocinero, cuento gastronómico, Alfonso Reyes

Seguimos con nuestros cuentos gastronómicos, y hoy os servimos en bandeja uno cocinado por el escritor y estudioso mexicano Alfonso Reyes (1889-1959), una de las cumbres literarias de su país en el siglo XX.

Reyes, autor muy prolífico, escribió teatro, poesía, ensayos, novelas, textos híbridos y relatos cortos. El que hoy os ofrecemos encaja perfectamente con la temática de RECETAS LITERARIAS, pues nos ofrece la estampa de un cocinero de palabras.

Cuento gastronómico y navideño de Alphonse Daudet: Las tres misas

Alphonse Daudet

–¿Dos pavos trufados, Garrigú?

–Sí, mi reverendo, dos magníficos pavos
rellenos de trufas, y puedo decirlo porque yo mismo ayudé a rellenarlos.
Parecía que el pellejo iba a reventar al asarse, tan estirado estaba…

–¡Jesús María, y a mí que me gustan
tanto las trufas! Dame pronto la sobrepelliz, Garrigú. Y ¿qué más has visto en
la cocina, fuera de los pavos?

Cuento gastronómico de Emilia Pardo Bazán: Los huevos arrefalfados

huevos

Martina criaba los chiquillos, los atendía, los zagaleaba; Martina daba de comer al ganado; Martina remendaba y zurcía la ropa; Martina hacía el caldo, lavaba en el río, cortaba el tojo, hilaba el cerro, era una esclava, una negra de Angola…, y con todo eso, ni un solo día del año le faltaba en aquella casa a San Benito de Palermo su vela encendida.

Cuento gastronómico: La mujer que comía poco

la mujer que comía poco

Había una vez un matrimonio en el que el marido era pastor de un rebaño de cabras. El pobre hombre se dirigía todos los lunes a la montaña y no regresaba a casa hasta el sábado. Estaba delgado, delgado como un junco. Y su mujer estaba gorda, gorda como una vaca. Cuando el marido estaba presente, la mujer no comía casi nada; se quejaba de dolores de estómago y decía que no tenía realmente apetito.

La historia de Umberto Eco con un salmón ahumado

Umberto Eco y el salón ahumado

Hecha esta digresión que he creído necesaria, me vuelco hacia la afición de Umberto Eco por la buena mesa. Sobre el particular escribió un relato que bien podría ser tenido como una anécdota, sobre la experiencia que vivió en Londres después de comprar en Estocolmo un gran salmón ahumado. Quería disfrutar de su exquisita carne anaranjada. El texto del relato es relativamente breve y está traducido un par de veces. El resultado de esta operación, en mi opinión, no ha sido muy feliz, y por eso, sin querer ganar elogios innecesarios, he realizado la traducción del texto desde el inglés a nuestra lengua materna.

Cuento gastronómico: Aceite para cocinar

cuento aceite para cocinar


Esa mañana, en efecto, la Cándida había estado preparando el sofrito del cosido de vacuno que debía cocinar para el almuerzo. La mujer, siempre de mal semblante y con un gesto perenne en su boca de perro bulldog, acostumbraba a introducirse al almacén a hurtadillas y tomaba de cualquier parte los productos que necesitaba para cocinar. Y era pura mala costumbre, porque en la cocina de esa casa-almacén, se supone, había de todo.

Fragmento del cuento “Aceite para cocinar”, de Ernesto Bustos Garrido

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